
Desde aquí te miro y pienso: este es mi sitio. Mis pies pisan rocas cargadas de historias, con sus fisuras y desgastadas por el viento y el tiempo, pero firmemente agarradas a la tierra.
Aquí puedo esconderme tras las almenas y asomarme a espiarte, a admirar tu furia, o tu calma, o a compadecer tu soledad. Desde aquí, veo tu vaivén incierto, tu incansable movimiento, oigo tu música a veces divertida, a veces tan trágica y pienso: este es mi rincón.
Me asomo a este balcón, agarrada al quitamiedos y dejo que me lances bolas de olores salados y de aire fresco. Pero aquí, a este lado de la reja, no podrás llegar para hacerme daño. Desde aquí yo decido cuando quiero bajar a sumergirme en tu abrazo azul, y cuando no quiero ni siquiera mirarte.
Este es mi lugar, desde donde disfruto de ti, sin miedos.
Aquí puedo esconderme tras las almenas y asomarme a espiarte, a admirar tu furia, o tu calma, o a compadecer tu soledad. Desde aquí, veo tu vaivén incierto, tu incansable movimiento, oigo tu música a veces divertida, a veces tan trágica y pienso: este es mi rincón.
Me asomo a este balcón, agarrada al quitamiedos y dejo que me lances bolas de olores salados y de aire fresco. Pero aquí, a este lado de la reja, no podrás llegar para hacerme daño. Desde aquí yo decido cuando quiero bajar a sumergirme en tu abrazo azul, y cuando no quiero ni siquiera mirarte.
Este es mi lugar, desde donde disfruto de ti, sin miedos.
Carmen Mateos
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